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No se puede viajar a Roma y no visitar La Fontana de Trevi (Fontana di Trevi), uno de los monumentos más representativos de esta antigua ciudad. Los romanos tenían la costumbre de construir fuentes al final de los acueductos y la Fontana de Trevi es el punto final del acueducto Aqua Virgo construido en el año 19 a.C.
La fuente actual es una obra del arquitecto Nicola Salvi (elegido por el papa Clemente XII) quien aprovecharía el diseño del proyecto inicial de Bernini antes de que este lo abandonara tras la muerte del papa Urbano VIII, quien le había encargado el trabajo. Finalmente la construcción empezó en el año 1732 y terminó en 1762 por Giuseppe Pannini ya que Salvi murió en 1751 dejando su obra inconclusa.
Pannini sustituyó algunos aspectos del monumento y añadió las esculturas de Agripa y Trivia.
Presidiendo la fuente se puede ver la escultura de Neptuno en su carro con forma de concha, tirado por dos caballos marinos que a su vez son domados por dos tritones. Un caballo está tranquilo y obediente mientras el otro está inquieto, lo que representa el estado tranquilo y bravo del mar.
En los flancos de la fuente se pueden ver dos estatuas, cada una con un significado. La de la izquierda representa la abundancia y la de la derecha simboliza salubridad.
El lecho de la fuente está lleno de monedas de turistas y es que según cuenta la leyenda, si tiras una moneda sobre el hombro izquierdo de espaldas a la fuente, algún día volverás de nuevo a Roma.